Hasta hace relativamente
pocas décadas se pensaba en el sueño como
un proceso pasivo: nos vamos apagando por una disminución
de la actividad cerebral y nos dormimos....
Hoy en día gracias al estudio, a los medios de que
disponemos, a la investigación y a asociaciones científicas,
como la Asociación Española de Patología
del Sueño (AIPS), máximo exponente para el
desarrollo de la investigación e impulso de la Medicina
del Sueño en España y Portugal, se sabe que
el sueño es un proceso activo, durante el cual el
cerebro trabaja, manteniendo una gran comunicación
entre estructuras corticales y subcorticales.
El ser humano está sujeto por su naturaleza a la
presencia de un reloj biológico o ritmo circadiano
de 24 horas, que alterna fases de actividad- vigilia- luz
y fases de descanso- sueño-oscuridad. El sueño
tiene, por así decirlo, dos funciones principales:
1. Restauradora: descansar del peso del
día, recuperar la energía consumida e integrar
la nueva información adquirida.
2. Adaptativa: la calidad y cantidad de
sueño está en relación con nuestro
día; podríamos decir que la noche es un reflejo
de nuestro día y el día de nuestra noche.
Así, personas que han dormido o duermen de hecho
habitualmente mal, al día siguiente están
agotadas y presentan excesiva somnolencia.
Durante el sueño el ser humano alterna dos estadios,
en varios ciclos, llegando a establecerse hasta 4-5 estadios
por noche, donde se intercalan fases NO REM
(fases 1, 2, 3 y 4) y fases REM (fase de
movimientos oculares rápidos). En estos diferentes
estadios no sólo se producen cambios respiratorios,
cerebrales, cardiacos, sino todo un complejo reajuste de
nuestro sistema biológico.
El registro de la actividad cerebral (electroencefalograma
o EEG) a través de la Polisomnografía nocturna,
determina en qué estado de conciencia se encuentra
un individuo y es absolutamente distinto durante la vigilia
y el sueño. También se modifican y se pueden
registrar las actividades fisiológicas primarias:
respiratoria, cardiaca, digestiva, muscular, temperatura
corporal, etc., aún cuando no existan alteraciones
en estos sistemas orgánicos.
Estos cambios, como decíamos, podemos registrarlos,
contabilizarlos, visualizarlos y analizarlos, en la actualidad
gracias a los sistemas de los que disponemos, pudiendo llegar
a un análisis objetivo de distintos parámetros
y pudiendo emitir una información de lo acontecido
esa noche por el paciente mientras duerme.
De lo anteriormente expuesto y de forma sucinta podemos
enumerar las principales alteraciones del sueño:
Insomnio, Síndrome de Apnea Hipopnea del Sueño,
Alteraciones del Movimiento, Crisis Epilépticas Nocturnas,
Hipersomnolencia Diurna, Narcolepsia, Síndrome de
Piernas Inquietas, etc…
Recientemente, la Asociación Americana de Alteraciones
del Sueño indicaba que los trastornos del sueño
constituyen en la actualidad una de las alteraciones más
extendidas y menos comprendidas.
Así se estima que un 30-40 % de la población
sufre insomnio, entre 1-10 %, el síndrome de Apnea
Hipopnea del Sueño, un 0,15 %, narcolepsia, el 60
% de los trabajadores por turnos manifiesta alteraciones
del ritmo circadiano, que entre la población infantil
el 10-50% tiene pesadillas y que el 3 % sufre de terrores
nocturnos.
El objetivo de las llamadas Unidades de Patología
del Sueño es el diagnóstico y tratamiento
de aquellos pacientes con alteraciones del sueño.
Gracias a los avances tecnológicos y científicos,
y al mayor conocimientos de la fisiopatología de
estos procesos, se permite hoy en día dar un impulso
sustancial en el diagnóstico y tratamiento de estos
pacientes.
Dr. Molina León-Neurofisiología Clínica.
Unidad del Sueño de Centro Médico
Virgen de la Caridad.
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