Cuando
hablamos de Cirugía Mayor Ambulatoria (C.M.A.), nos
estamos refiriendo a la realización de procedimientos
quirúrgicos, terapéuticos y /o diagnósticos,
de una complejidad media, que pueden realizarse
bajo distintas técnicas anestésicas,
en pacientes que tras un periodo de control y recuperación,
son dados de alta el mismo día de la intervención.
Todo ello con igual calidad, eficacia y seguridad
que en los pacientes hospitalizados.
Los inicios en España de esta modalidad quirúrgica
podemos situarlos entre los años 1980-1990, siendo
varios los factores que ayudaron a su implantación;
unos de tipo económico (aumento del gasto sanitario,
limitación de los recursos, política de contención
de costes); otros de tipo social (extensión del derecho
a la asistencia sanitaria, incremento de las listas de espera,
mejora de las condiciones higiénico-sanitarias de
la población).
Por último, el avance en las técnicas quirúrgicas,
con la aparición de métodos menos invasivos
(cirugía laparoscópica, láser), y de
los procedimientos anestésicos, permitían
controlar mejor, tanto el proceso quirúrgico en sí,
como el dolor, las náuseas y los vómitos que
pueden acompañar estos procesos.
Todos estos factores, unidos a la inquietud de muchos profesionales
preocupados por buscar nuevas fórmulas que dieran
respuesta a nuevas demandas asistenciales, contribuyeron
a que estas unidades de C.M.A. fueran proliferando, unas
veces integradas física y administrativamente dentro
de un hospital, y otras de forma independiente.
En función del tipo de Unidad, de sus recursos estructurales,
técnicos y humanos, el número y variedad de
intervenciones que pueden ofertar, variará de unas
unidades a otras.
A la hora de elegir a los pacientes candidatos a este tipo
de cirugía, existen unos criterios que determinan
la idoneidad de los mismos, dependiendo de su estado
físico, sus condiciones
personales y sociales, y de que presenten
alguna patología asociada que pueda
aconsejar su ingreso hospitalario tras la cirugía.
Un criterio de exclusión a tener en cuenta puede
ser la no aceptación por parte del paciente a ser
intervenido de esta forma ambulatoria. La negativa viene
motivada en muchos casos por la escasa información
que el paciente tiene acerca de cómo se va a desarrollar
todo el proceso y del funcionamiento de la propia Unidad.
Esta última afirmación nos lleva a señalar
dos requisitos importantes para el correcto funcionamiento
de las unidades de C.M.A.
Uno de ellos es el estrecho contacto de
los profesionales que intervienen en el proceso con el paciente
y su entorno familiar, pues desde éste se deberán
asumir parte de los cuidados postoperatorios.
El otro requisito es el seguimiento telefónico
tras la intervención, con el propósito de
comprobar el normal desarrollo postoperatorio,
detectar los problemas que pudieran presentarse
y determinar la manera más adecuada
de resolverlos.
Esta modalidad quirúrgica goza cada vez de mayor
implantación, si bien el grado de desarrollo no es
uniforme, variando de unas regiones a otras, incluso estas
diferencias se dan entre Unidades de una misma Comunidad
debido a los factores que anteriormente se señalaron.
Sin duda, el avance de las técnicas quirúrgicas
y anestésicas, así como la formación
más específica de los distintos profesionales
sanitarios que intervienen en el proceso, harán que
aumente el catálogo de procesos a ofertar tanto en
el Sistema Nacional de Salud, como en la iniciativa privada.
Este incremento será aún mayor si consideramos
la modalidad de Corta Estancia, que permite
la pernoctación del paciente al menos una noche,
en la propia Unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria.
Dr. José
Mª Cánovas.
Unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria de Centro Médico
Virgen de la Caridad
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