Las
hemorroides son engrosamientos de tejido vascular y elástico
recubiertos de piel o mucosa en el interior del ano que
forman parte de la anatomía normal, y se comportan
como almohadillas que participan en el cierre efectivo del
ano. El crecimiento de ese tejido normal es lo que produce
complicaciones y se considera como ‘enfermedad hemorroidal’.
Pueden ser externas (bajo la piel que rodea el ano), internas
(dentro del ano, pero con tendencia a salir cuando aumenta
su tamaño) o mixtas (externas e internas a la vez).
Las hemorroides se producen
por un aumento de la presión en el ano que se transmite
a los vasos del tejido hemorroidal y provoca su dilatación
progresiva o su rotura. Esto ocurre en el estreñimiento,
las diarreas que se repiten con frecuencia, en el embarazo
y parto sin cesárea, enfermedades crónicas
del hígado, con las comidas ricas en grasa, especias
y picantes, así como el alcohol. También ocurre
algo similar cuando se está demasiado tiempo de pie
o sentado. En muchas personas, sin embargo, aún no
existiendo estos factores, se producirán hemorroides
por existir un factor hereditario de alteración en
la pared venosa, como ocurre en las varices de las piernas.
Las hemorroides externas suelen producir dolor y escozor
cuando se inflaman, además de hinchazón que
palpa el propio paciente, pero no hay sangrado. Cuando desaparece
la inflamación pueden quedar colgajos de piel distendida
que dificultan la higiene y provocar picor. Cuando las hemorroides
externas se trombosan se produce un dolor muy intenso que
se mantiene después de la deposición, así
como la aparición de un "bulto" duro y
muy doloroso en la zona externa del ano. Si no se tratan
adecuadamente pueden llegar a ulcerarse y sangrar e infectarse,
produciendo abscesos y fístulas perianales.
Las hemorroides internas no duelen, salvo cuando son muy
grandes y se trombosan. Su síntoma principal es el
sangrado tras la deposición, que mancha el papel
higiénico o se observa como gotas de sangre en el
inodoro, pero no suele ir mezclado con la deposición.
Cuando tienen gran tamaño tienden a salir del interior
del ano( prolapso) ocasional o permanentemente y producir
sensación de evacuación incompleta y descarga
de mucosidad que mancha la ropa interior y humedece el ano,
provocando escozor y picor.
¿Por qué debe consultarse siempre
con un especialista?
Las hemorroides representan una de las patologías
más frecuentes de la especie humana. Si en el 80-90%
de las rectoscopias o colonoscopias se observan hemorroides,
tan sólo uno de cada diez de estos pacientes llega
a consultar en una clínica especializada. Esto se
debe a que en muchos casos son poco sintomáticos
y se recurren a medidas conservadoras tradicionales, a que
existe reparo a la exploración de la zona o miedo
al posible dolor originado por el tratamiento.
Y, sin embargo, cualquier paciente que presente alguno de
estos síntomas debe acudir a su médico o a
un especialista en proctología, pues cuando la molestia
predominante es el dolor, deben descartarse otros procesos
de la zona, como fisuras, abscesos y fístulas perianales,
inflamación de glándulas anales o colgajos
cutáneos, condilomas( verrugas de contagio sexual
) e incluso cáncer anal; y cuando el sangrado es
el síntoma principal o único resulta indispensable
una exploración preliminar en la propia consulta
(tacto rectal y anuscopia). Si estas exploraciones no ponen
de manifiesto una causa concreta o el paciente es mayor
de 40 años y/o con historia familiar de pólipos,
cánceres o enfermedades inflamatorias crónicas
del intestino (colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn ),
deberá prescribirse una rectoscopia o colonoscopia.
Tratamientos de la hemorroides
Las pequeñas hemorroides externas o internas que
producen síntomas ocasionalmente pueden controlarse
con tratamiento médico únicamente. Dieta rica
en fibra e ingesta de unos 2 litros de agua al día
para ablandar las heces y evitar los esfuerzos evacuatorios;
evitar el uso del papel higiénico y utilizar toallitas
húmedas para la higiene de la zona para evitar el
traumatismo de la misma; baños de asiento de agua
tibia, sal y alguna solución antiséptica,
de unos 10 minutos de duración, varias veces al día;
y aplicación local de sustancias analgésico-antiinflamatorias
en forma de pomadas o supositorios.
Las hemorroides internas pequeñas (grados I y II)
que sangran con frecuencia pueden ser tratadas de forma
ambulatoria en consulta mediante métodos instrumentales
conservadores como la esclerosis, ligadura con bandas elásticas,
fotocoagulación con infrarrojos o láser, crioterapia,
ultroid o diatermia bipolar. Todos estos procedimientos
persiguen la coagulación y fibrosis del tejido hemorroidal,
y puede requerirse más de una sesión para
tratar completamente el problema.
El tratamiento quirúrgico está indicado en
las grandes hemorroides externas o internas (grados III
y IV) que producen síntomas con frecuencia, cuando
son mixtas, cuando no responden al tratamiento conservador,
cuando existe otra enfermedad anal asociada y en la trombosis
hemorroidal externa o interna.
Las técnicas quirúrgicas empleadas son básicamente
la hemorroidectomía y la hemorroidopexia.
La primera es la operación clásica y consiste
en la extirpación del tejido hemorroidal patológico
teniendo siempre en cuenta que es fundamental conservar
unos puentes de piel y mucosa suficientemente amplios para
evitar una estrechez del ano tras la cicatrización.
Las heridas resultantes pueden dejarse abiertas o cerrarse
con puntos, sin diferencias muy significativas en cuanto
a complicaciones. La disección y coagulación
con bisturí eléctrico produce una quemadura
de mayor o menor grado en la profundidad y alrededores de
la herida, dando lugar a un edema postoperatorio importante
en los puentes cutáneo-mucosos que aumenta el dolor
postoperatorio. Esta inflamación postoperatoria puede
minimizarse utilizando láser, Ligasure, Bisturí
Harmónico o el bisturí de radiofrecuencia,
procedimientos que traumatizan menos los tejidos.
La hemorroidopexia o técnica de Longo
lleva a cabo una fijación del tejido hemorroidal
interno que se prolapsa (sale al exterior) mediante un dispositivo
especial con grapadora, de un solo uso. Aunque en principio
parece que ocasiona menos dolor postoperatorio, puede producir
tenesmo rectal (sensación de necesidad imperiosa
de defecar sin conseguirse), reaparición del prolapso
y persistencia del sangrado hasta en un 50% de los casos,
colgajos de piel residuales hasta en un 90% de los casos
y picor anal muy frecuente.
El dolor postoperatorio
La mala fama de las operaciones de hemorroides se debe fundamentalmente
al dolor postoperatorio, que puede deberse a la inflamación
de los puentes cutáneo-mucosos residuales, a la infiltración
bacteriana de las heridas quirúrgicas o al espasmo
del esfínter interno del ano.
El empleo de técnicas de disección y coagulación
que traumaticen menos los tejidos residuales disminuirá
la inflamación de éstos y, por tanto, el dolor.
Los baños de asiento de agua tibia con sal y la aplicación
de pomadas anestésicas-antiinflamatorias, contribuyen
a disminuir la inflamación y el dolor. Además,
la administración de determinados antibióticos
selectivos frente a la flora bacteriana de la zona y con
propiedades antiinflamatorias parece disminuir la contaminación
bacteriana y disminuir la inflamación de los tejidos.
A su vez, el espasmo del esfínter interno puede minimizarse
asociando un pequeño corte en el mismo (esfinterotomía)
al finalizar la intervención o utilizando preparados
en pomada que asocien nitroglicerina o nifedipino.
La infiltración de las heridas con anestésicos
locales de duración prolongada, el uso de parches
transdérmicos de fentanilo y, más recientemente,
el bloqueo regional de los nervios de la zona con anestésicos
locales administrados mediante catéteres colocados
en la zona a través de distintas técnicas
y conectados a una bomba de infusión portátil,
están resolviendo el problema del dolor postoperatorio
durante las primeras 72h, período en el que resulta
más intenso.
El control actual del dolor postoperatorio permite que las
intervenciones de hemorroides puedan ser llevadas a cabo
en régimen de Cirugía Mayor Ambulatoria, con
una estancia media de unas dos horas si no hay complicaciones
y con una más que aceptable satisfacción por
parte de los pacientes, si además existe un buen
control domiciliario, como estamos observando desde hace
más de 3 años en la Unidad de Cirugía
Mayor Ambulatoria del Centro Medico Virgen de la Caridad
de Cartagena.
Dr. Manuel
Cabello/ Dr. Ignacio Ramos.
Cirujanos de LASERMED
Unidad de Coloproctología
asociada al
CENTRO MÉDICO VIRGEN DE LA CARIDAD)
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